Cuando la comunidad hace escuela: tres años de trabajo que transformaron la Pancho Ramírez


En tiempos en que las necesidades de las escuelas públicas muchas veces esperan respuestas que no llegan con la rapidez necesaria, la Asociación Cooperadora de la Escuela Secundaria N.º 1 “Pancho Ramírez” de Sauce de Luna demuestra cuánto puede conseguir una comunidad cuando se organiza, trabaja con seriedad y tiene objetivos claros.
En apenas tres años de intenso trabajo, la Cooperadora, actualmente presidida por Jorge Gómez, consiguió que cada aula de la institución cuente con aire acondicionado y Smart TV, además de dotar a la escuela de conectividad mediante internet satelital.
No hubo detrás grandes presupuestos ni recursos extraordinarios. Hubo rifas, bingos, eventos, colaboración de las familias y vecinos, horas de organización y muchísimo esfuerzo. Peso sobre peso, actividad tras actividad, lo recaudado volvió a la escuela convertido en mejores condiciones para enseñar y aprender.
Y el trabajo no termina en el equipamiento. La Cooperadora afronta también reparaciones de aberturas, trabajos de pintura y mampostería y distintas tareas de mantenimiento del edificio, intervenciones indispensables para sostener diariamente una institución que funciona en tres turnos y recibe a alrededor de 250 estudiantes.
El dato obliga también a una reflexión. La solidaridad de las familias es extraordinaria, pero no puede transformarse en el reemplazo permanente de las responsabilidades del Estado provincial. El propio Consejo General de Educación reconoce entre sus funciones las tareas de mantenimiento y reparación de los edificios escolares, mientras que la Provincia cuenta con organismos específicamente destinados a planificar y ejecutar infraestructura educativa.
Por eso, cada aire acondicionado, cada televisor, cada abertura reparada y cada pared pintada representan un logro enorme de la comunidad, pero también muestran cuánto deben esforzarse las familias para conseguir condiciones que deberían formar parte de una política pública educativa sostenida.
Hay algo profundamente valioso en una comunidad que no se resigna. Madres, padres, docentes, directivos, estudiantes y vecinos que venden números, organizan un bingo, trabajan durante horas en un evento o buscan recursos para que los chicos estén un poco mejor.
Pero reconocer ese esfuerzo también significa decir algo con claridad: una cooperadora debe acompañar a la escuela, no cargar sobre sus espaldas aquello que corresponde garantizar al Estado.
Mientras las respuestas oficiales se demoran, en la Pancho Ramírez hay una comunidad que sigue haciendo. Y donde el Estado provincial todavía tiene deudas pendientes, la solidaridad, el compromiso y el trabajo serio se hacen presentes.
El próximo sueño ya está en camino y se materializará mediante un Bingo, con un premio de 3 millones de pesos. Y después de todo lo conseguido, queda demostrado que esta Cooperadora sabe transformar esfuerzo colectivo en hechos concretos

