¿Sobran escuelas o faltan políticas para que las familias puedan tener más hijos?

crisis de natalidad

La caída de la natalidad abre un debate sobre el futuro de la educación entrerriana. Mientras el Gobierno provincial reconoce el deterioro de los edificios escolares y anticipa una menor demanda de nuevas construcciones, surge una pregunta inevitable: ¿la disminución de alumnos debe traducirse en menos inversión o en una oportunidad para mejorar la educación?

Entre Ríos atraviesa una transformación demográfica que tendrá consecuencias mucho más profundas que la disminución de estudiantes en las aulas. Cada vez nacen menos niños y, mientras las estadísticas anticipan escuelas con menor matrícula, también plantean interrogantes sobre el futuro del empleo, el sistema previsional y la supervivencia de las pequeñas comunidades del interior provincial.

En ese contexto, el ministro de Planeamiento e Infraestructura, Hernán Jacob, reconoció ante legisladores provinciales que siente vergüenza por las condiciones de numerosos edificios educativos.

Durante el tratamiento del Presupuesto 2027, el funcionario también planteó que, de acuerdo con las proyecciones del Consejo General de Educación, la disminución de la población escolar podría reducir la necesidad de construir nuevos establecimientos.

Sin embargo, detrás de esa afirmación aparece un debate que merece una mirada más profunda: que nazcan menos chicos no significa necesariamente que sobren escuelas, y mucho menos que las existentes estén en condiciones adecuadas para educarlos.

Una provincia donde cada vez nacen menos niños

Las estadísticas muestran una tendencia contundente. Entre Ríos registró 23.572 nacidos vivos en 2015 y 12.548 en 2024, lo que representa una disminución cercana al 47% en apenas nueve años.

El impacto ya comienza a observarse en el sistema educativo.

Durante 2025, la educación común provincial reunió aproximadamente 308.700 estudiantes de los niveles inicial, primario y secundario, entre establecimientos estatales y privados. La cifra representa 6.557 alumnos menos que el año anterior.

Las perspectivas tampoco anticipan una recuperación inmediata. Según estimaciones de la Dirección Nacional de Población, la matrícula entrerriana de primero a sexto grado podría disminuir un 26,4% entre 2025 y 2030.

Son datos que obligan a revisar la planificación educativa, pero también a preguntarse qué oportunidades ofrece una provincia en la que las nuevas generaciones son cada vez más pequeñas.

Menos alumnos podrían significar mejores escuelas

Durante décadas, el crecimiento de la matrícula obligó a construir aulas, ampliar establecimientos y reorganizar espacios para recibir a más estudiantes.

Ahora, el escenario comienza a cambiar.

Una menor cantidad de alumnos podría permitir reducir el número de estudiantes por curso, fortalecer el acompañamiento individual, mejorar las condiciones de enseñanza y destinar mayores recursos al mantenimiento de edificios que acumulan años de deterioro.

La oportunidad existe, pero depende de las decisiones políticas.

La disminución de la matrícula no debería convertirse en una excusa para ajustar el presupuesto educativo, cerrar establecimientos o reducir servicios, sino en una posibilidad para mejorar aquello que durante años no pudo resolverse.

Especialmente cuando las propias autoridades provinciales reconocen las deficiencias de infraestructura.

No alcanza con calcular cuántos niños asistirán a clases. También resulta imprescindible evaluar en qué condiciones lo harán.

La realidad de los pueblos del interior

En localidades pequeñas como Sauce de Luna, Conscripto Bernardi y otras comunidades del departamento Federal, el debate adquiere características particulares.

Las escuelas no solamente cumplen una función educativa. También representan espacios de integración, contención y encuentro comunitario.

Una reducción de matrícula no necesariamente implica que una institución haya dejado de ser necesaria.

En muchas comunidades rurales, las distancias entre localidades, las dificultades de transporte y la disponibilidad de establecimientos alternativos hacen que sostener una escuela sea una decisión que trasciende cualquier cálculo de cantidad de alumnos.

También corresponde revisar las modalidades educativas implementadas durante los últimos años.

En Sauce de Luna, por ejemplo, la Escuela Primaria N.º 39, que funciona bajo la modalidad NINA, constituye la única institución de educación primaria de la localidad.

Después de más de una década de funcionamiento de esa modalidad, resulta pertinente evaluar si las condiciones de infraestructura, los espacios disponibles y la organización de la jornada responden efectivamente a las necesidades de los estudiantes y sus familias.

Repensar estas estructuras no significa necesariamente eliminar talleres ni afectar fuentes laborales. Puede significar adecuar propuestas, revisar su organización y ofrecer alternativas que contemplen las diferentes realidades familiares.

Porque una política educativa no debería sostenerse únicamente porque lleva años funcionando, sino porque continúa respondiendo a las necesidades de la comunidad.

¿Por qué las familias tienen menos hijos?

La discusión sobre la baja natalidad tampoco puede limitarse a una cuestión estadística.

Una encuesta nacional realizada por UNFPA y Voices!, difundida en agosto de 2026, reveló que el 57% de las personas consultadas de entre 18 y 45 años desea o hubiera deseado tener más hijos de los que tiene.

Entre quienes manifestaron haber tenido menos hijos de los deseados, las dificultades económicas representaron el 62% de los motivos mencionados.

Si bien se trata de información nacional, los resultados invitan a reflexionar sobre una realidad que también atraviesa a las familias entrerrianas.

La dificultad para acceder a una vivienda, la inestabilidad laboral, los bajos salarios, el costo de los alimentos y las dificultades para compatibilizar el trabajo con la crianza pueden influir en las decisiones reproductivas.

De esta manera, la disminución de los nacimientos no puede interpretarse exclusivamente como un cambio de preferencias personales.

También corresponde preguntarse cuántas familias están postergando o resignando proyectos de maternidad y paternidad porque sus condiciones económicas no se lo permiten.

Menos jóvenes y una población cada vez más envejecida

Las consecuencias de esta transformación exceden ampliamente al sistema educativo.

Una menor cantidad de nacimientos implica que, dentro de aproximadamente veinte años, habrá generaciones potencialmente más pequeñas incorporándose al mercado laboral.

Esto puede afectar el recambio generacional en actividades productivas, comercios, industrias y emprendimientos familiares.

También plantea desafíos para los sistemas jubilatorios, que necesitan una relación sostenible entre trabajadores aportantes y beneficiarios.

A ello se suma el progresivo envejecimiento de la población, que incrementará la necesidad de servicios de salud, cuidados de larga duración y acompañamiento de personas mayores.

Para los pequeños pueblos entrerrianos, donde la emigración de jóvenes ya constituye una preocupación, el fenómeno podría adquirir consecuencias todavía más importantes.

Menos nacimientos, sumados a la salida de población en edad de trabajar, pueden comprometer a largo plazo la continuidad de determinadas actividades económicas y servicios comunitarios.

El desafío no es administrar la decadencia, sino planificar el futuro

Entre Ríos tiene por delante una discusión que no debería reducirse a determinar cuántas escuelas nuevas dejarán de construirse.

La cuestión central es qué hará el Estado con los recursos, las instituciones y las oportunidades que ofrece esta nueva realidad demográfica.

Si habrá menos alumnos, debería ser posible ofrecer mejores condiciones educativas.

Si habrá menos jóvenes, será necesario generar oportunidades laborales y productivas que permitan retenerlos.

Si la población envejece, será imprescindible fortalecer los sistemas de salud y cuidados.

Y si muchas familias desean tener más hijos, pero encuentran obstáculos económicos para hacerlo, las políticas públicas deberían contribuir a reducir esas dificultades.

La planificación educativa, la vivienda, el empleo, la salud y el desarrollo de los pueblos no pueden seguir discutiéndose como problemas independientes.

La verdadera pregunta no es solamente si Entre Ríos necesitará menos escuelas dentro de algunos años, sino qué provincia estamos construyendo para los niños que nacen hoy y para las familias que todavía desean formar.

Porque una sociedad con menos niños no está condenada a tener menos futuro. Pero sí necesita dirigentes capaces de pensar más allá del próximo presupuesto.

Y quizás allí radique el mayor desafío: comprender que la caída de la natalidad no debe convertirse en una oportunidad para gastar menos, sino en una razón para planificar mejor.